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viernes, 13 de septiembre de 2013

"PARTICIPANTES"

"Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios." (1 Pedro 2:20). 

La aflicción y los sufrimientos son la porción de todos los hombres, el privilegio de todos los creyentes. Nuestros sufrimientos producen necesidades, y nuestras necesidades ocasionan Su consuelo y confort. ¡Bendita necesidad! "Pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación." (2 Corintios 1:8). ¡Bendita promesa!

"Si aspiras a ser un hijo de consolación; si participarás en el don sacerdotal de la simpatía; si derramarás algo mas allá de lo común de la consolación a un corazón tentado; si pasarás através de la rutina de la vida diaria con el tacto delicado que nunca imparte dolor; deberás estar contento de pagar el precio de una educación costosa; como El, tu debes sufrir."

"Existen bendiciones las cuales no podemos obtener si no aceptamos y soportamos el sufrimiento. Hay gozos que pueden venir a nosotros solo através del dolor. Hay revelaciones de la verdad divina que obtendremos solo cuando las luces de la tierra se han apagado. Hay cosechas que brotarán solo después que el arado ha hecho su labor."

"El confort no llega a los de corazones livianos y felices. Iremos a las profundidades si experimentaremos el más precioso de los dones de Dios, el confort; así que prepárate para ser colaborador junto con El."


"Por lo cual. . . me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte." (2 Corintios 12:10).


CRISTO—CONFIANZA


“Porque nosotros somos. . . los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.”

 (Filipenses 3:3)

Contrario a la opinión general, no hay lugar para la auto-confianza en la vida cristiana. La confianza es esencial, pero no la de la fuente del yo. El creyente avivado es muy consciente de lo pecaminosa que es su propia-vida; para él, la auto-confianza está fuera de toda consideración. A su tiempo, su complejo de “Miserable de mi” es reemplazado por “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” (Romanos 7:24, 25).  La Cristo—confianza es la base para el caminar cristiano saludable. La pecaminosa auto-confianza es la base de la enfermiza derrota cristiana.


“Nuestro Padre quita todas las cosas abajo de nuestros pies hasta que no haya quedado nada más que Él. Dios siempre tiene a la vista la meta mayor, a saber, llevarnos a la negación del yo. Todo está dirigido hacia enseñarnos a que confiemos en Él. Por ello debemos, con frecuencia, sufrir derrota. Peleas con todo tu poder en contra del pecado y te encuentras a ti mismo rodeado por el fracaso. Oras ferviente y sinceramente: ‘Oh Dios, ayúdame y quédate junto a mí.’ Pero parece que Él no escucha. Tú clamas aún con más diligencia por ayuda, pero parece que El no tiene interés por ti. ¿Él realmente no tiene misericordia? ¡No! Precisamente es por Su misericordia que no puede ayudarte. Si lo hiciera, no serías libre de tu auto-confianza; no aprenderías a pelear la buena batalla de la fe y de esa manera obtener la victoria que el Maestro ha ganado; no aprenderías a decir ‘el Señor Jesús solamente,’ sino continuarías diciendo ‘Jesús y yo.’


“Porque Jehová será tu confianza” (Proverbios 3:26)